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6 de diciembre de 2011

ARTÍCULOS - PRESENTACIÓN DE EMAÚS, de ALESSANDRO BARICCO

Presentación de Emaús, de Alessandro Baricco 
El libro más extraño de Alessandro Baricco, por Saray Shaetzler

Alessandro Baricco fue conocido en este país sobre todo a partir dela publicación de su obra Seda, adaptada después al cine. Hoy llega a Barcelona, ya consagrado y como conocido autor de ventas exitoso, para presentarnos su última obra, que lleva por título una palabra con cierta connotación religiosa: Emaús.

El peor momento a la hora de crear un libro es el momento en que el libro sale a la luz, ya que la etapa anterior sería como el juego del niño, en el que me dedico a crear, inventar un mundo imaginado.

Alessandro Baricco aparece y se hace el silencio. Mira alrededor, como si midiera las distancias por encima del estrado al que le han subido para presentar este nuevo libro, editado por Anagrama. Emaús trata sobre la juventud, la amistad, la diferencia de clases.

Tras presentar al escritor, éste nos habla en primera persona, para sorprendernos con la revelación:

Emaús es un libro extraño, en el que se refleja su vida a trazos autobiográficos -aunque confiesa que su vida era mucho más banal que las de los cuatro protagonistas del libro, salvando la realidad del entorno vital, el mismo que él conoció-.

Yo no crecí vendiendo larvas de gusano, nos aclara divertido.


Lo tilda de libro anómalo, y por tanto celebra de qué modo lo han aceptado los editores. Cuando Alessandro Baricco se pone en el lugar del lector opina que a él, como a los lectores, le gustaría tener en sus manos el mismo tono de libro una y otra vez. Nos acostumbramos a una voz, pero también la vida cambia, y es obvio por tanto, que los libros, a su vez, también cambien.

Alessandro no deja de sorprenderse, de hecho le parece excitante comprobar cómo los lectores migran con sus libros, que es precisamente lo que les ha sucedido a los lectores con esta obra, que se han trasladado sin dificultad hacia los años setenta.

Al analizar de nuevo a sus personajes principales, los cuatro chicos, Baricco cree que es un libro de tono pre-bárbaro, pero es que los chicos en Italia aún son así, y viven hoy en día esa educación católica, reconociéndose en esa educación muchos jóvenes de entre treinta y cuarenta años.

Emaús representa para Baricco la mirada de la juventud, y cómo ven esa vida unos muchachos de diecisiete, dieciocho años, algo que no cambia en esencia a pesar del paso de los años; a esas edades, los muchachos tienen un sentido enorme de la vida y además esperan mucho de ella.

Esperan muchísimo de la experiencia de la vida, y lo hacen por vías muy distintas, y por mucho que cambie el escenario o el tiempo, la espera es la misma; y del mismo modo, la espera es auto-destructiva, y esto los bárbaros lo saben muy bien, corrobora.

Es palpable que los chicos viven en un mundo cerrado, incluso geográficamente. Las fronteras se marcan con el simple hecho de ver a los chicos ricos junto al mar. Los jóvenes de hoy parecen ser muy distintos, pero si vemos el mundo a través del ordenador de cada uno, de sus móviles, caemos en que es un mundo cerrado, y es cuando la voluntad entra en un espacio infinito y pequeño, lo que conlleva no poco dolor, del cual los jóvenes hacen culpable al mundo exterior.

Desde el punto de vista profesional ha sido muy emotivo meterse en la piel de estos personajes, muy emocionante, recalca Alessandro Baricco, aunque confiesa que desde el punto técnico su gesta ha sido difícil: la voz narradora es como si fuera una superposición de varias voces. Para aclarárnoslo nos explica cómo él oye la voz de un chico de dieciséis años que vive algo, y, de repente, el mismo personaje con cuarenta años, que recuerda lo que él mismo vivió a aquella edad. Es como escuchar dos voces al mismo tiempo.



Los recuerdos que surgen en el libro son reales, ya que no es un periodo de vida que Baricco rememore como particularmente feliz. Quizá por esto concluye que hacía años que lo quería escribir.

Desde el punto de vista emocional y emotivo para Alessandro Baricco Emaús ha resultado un libro difícil; no tanto respecto al tiempo: lo ha escrito en la friolera de seis meses, sin detenerse, la señal de que efectivamente era un libro que ya estaba ahí latente, en la incubadora.

Otro signo de lo duro que ha sido escribirlo es el sentimiento de descontento con el que volvía a casa tras dedicarse al ejercicio de la escritura durante unas cinco horas diarias, cuando lo normal es que suela estar contento cuando finaliza el trabajo diario.

Alessandro Baricco referencia un episodio de los discípulos de Emaús como bien construido desde el punto de vista narrativo, recomendable incluso para tomar de ejemplo a la hora de enseñar sobre el modo correcto de narrar. Lo que más le chocó en él fue la ceguera de estar y hablar frente al maestro, al que no reconoce hasta que no desaparece.

Este el punto en donde cree es más exacta la idea que quiere transmitirnos de cómo los jóvenes ven estas situaciones, sobre todo aquellos que crecieron con el reloj de la iglesia católica:

Los jóvenes se dan cuenta de lo que hacen en el momento de hacerlo o justo antes, lo que denota una falta de sintonía existente entre la distancia que hay entre el hacer las cosas y el entenderlas, algo que llevará toda una vida, lo mismo que ocurre al asumir lo que se ha realizado.

Existe por tanto una sintonía clara, que aclara Baricco, hace que la vida se vuelva mítica, y que lo ejemplifica con lo que sucede en la escena final de Romeo y Julieta: uno muere cuando el otro se despierta, lo cual nos indica que no es ni más ni menos que una leyenda, pues si Romeo se hubiera despertado treinta segundos antes la historia habría dejado de ser una leyenda para convertirse en un mito.

Baricco cree que el resto de la vida se trata de recuperar esos veinte o treinta segundos, corriendo el peligro de matar nuestra poesía, la de nuestra propia vida, si lo hacemos.

Al hablarnos del personaje de Andre, la muchacha rica y liberal, Baricco la asemeja en su obra con la imagen del mundo abierto, que choca de frente y hace más patente el mundo cerrado de los demás. Aunque sólo se muestre un segundo de ese límite o esa frontera el lector ya lo comprende al instante.

La obra invita a reflexionar sobre el mundo típicamente católico o el que rodea al catolicismo más ortodoxo, en el que el deseo es sinónimo de pecado, y lo deseado se convierte por tanto en una flaqueza. Uno puede convertirse en ateo, pero seguirá utilizando esta idea, es un sistema autorregulador, afirma el escritor.

Un complejo de culpa que en España e Italia ha dado lugar a una generación singular. En una de las escenas del libro, la vida sexual se consume en una estancia con los otros con la oreja pegada a la puerta y más aún, con la ropa puesta, y sin embargo el protagonista lo recuerda como algo grato. He aquí el punto de inflexión:

El sexo no es quien arrastra a la culpa, ya que en este caso conlleva incluso diversión. Por tanto, no queda más remedio que relacionar la culpa con algo inmanente en nosotros a nivel individual, la llevamos en nosotros. Es más, como curiosidad, los orientales no conocen el complejo de culpa.

Baricco nos descubre que la religión, el tema en torno al cual se mueven personajes y situaciones en esta novela, es un mero paisaje del que personalmente no se encuentra ni a favor ni en contra. Emaús es un libro que dice cosas, se expresa Alessandro sobre su obra.

Una formación religiosa muy seria y radical genera desadaptados, dispuestos a sufrir frente a dificultades muy fuertes para ellos. No obstante, la religión no debe ser vista como un peligro.

Quiere transmitirnos la idea de que no hay que contentarse con el destino, sino que hay que desear cambiar el mundo, o dejarlo mejor que lo encontramos. A Baricco le ha gustado trasladar la imagen feminista en la figura de una Elena de Troya que se mueve en el interior de un mundo esencialmente machista, de ahí que éste sea uno de los recursos que ha utilizado en el tono narrativo, para hacerlo más emocionante.

El peor momento de Alessandro Baricco a la hora de crear un libro, dice es el momento en que el libro sale a la luz, ya que la etapa anterior sería como el juego del niño, en el que se dedica a crear, inventar un mundo imaginado.

Da por supuesto que en su obra quiere como escritor encontrar siempre la misma voz, al igual que lo espera un cantante y su nueva obra, como los niños desean lo mismo una y otra vez. Pero lo que parece sencillo en un cantante, en un escritor no es posible: él se siente incapaz de hacerlo, y asume que no le sería grato.

Alessandro Baricco y la editorial Anagrama dan por terminada la rueda de prensa de la presentación de la obra, y comienza el acto final, el gesto del divo que abandona el escenario. Le observo mientras posa para los medios, y no puedo dejar de recordar a Simon Rattle, el director de orquesta. El pelo, la pose, no se. Me resulta frío a pesar de su mirada profunda.

La obra ha resucitado tantas emociones dolorosas en el escritor que, sin dudarlo, a continuación se ha involucrado en la creación de un libro muy divertido, que sería la antítesis de Emaús, en ese sentido.

Cuando me acerco para que me firme el libro percibo cierto aire de alguien acomodado en la litera del reconocimiento, quizá me equivoque y solo esté en su mundo, pensando en alguna escena de su nueva obra.

por Saray Schaetzler, para Anika entre libros

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