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18 de noviembre de 2012

Agua que no has de beber...

Mil razones para entender que equivocarse está "bien":

Razón 1.-  Me equivoco; ralentizo; paro en seco; arranco; me desvío del camino; plof; plas; zis zas, un roto más.  Qué felicidad.

Razón 2.- Los ojos brillan de nuevo, sin motivo aparente, o por aparentar que todo sigue igual.  No se puede esconder, es felicidad.

Razón tres.- ¿Cuántos amigos esperaban tu vuelta? ¿Tres, cuatro, cino "no más"?. Tachín, tachán, vuelta a empezar (más sabia, más guapa, dos kilos de más, por supuesto, de felicidad).

Razón cuatro.- Nos equivocamos, luego, siempre estamos a tiempo de rectificar (¿no es genial?)

Razón cinco.- Te equivocas.  Bien.  Ahora ya sabes qué es lo que no debes tolerar, aguantar, soportar, a quién esquivar y cuándo es hora de avanzar (el equívoco se queda varado, como las sirenas, pero con rabo, flácido y temeroso; ¡ah! se sien-te...)
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Razón novecientos noventa y nueve.-  Ojalá me hubiera equivocado primero.
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