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13 de septiembre de 2014

AQUELLOS FABULOSOS AÑOS

¿Dónde estaban y qué banderas agitaban la mayoría de esos que ahora gritan pidiendo escisión y separación, cuando los demás salían no hace mucho a pedir más trabajo y menos recortes?.
A pesar de estar fuera de onda -de noticiarios, de lo mismo de cada día-, una no es capaz, ni proponiéndoselo, de aferrar una pizca de aquella autarquía.
Me hablan de la "V", y la visión es aún más espeluznante que aquellas imágenes de hombres-lagarto comiendo ratas (solo los que pasan de cuarenta habrán entendido la referencia anterior; la edad, en este caso, es un plus, amén de una culturilla general que suele ser inexistente).
Hipocresía, incultura, mirar a otro lado se bautiza aquí como normalidad, modernismo, pasando casi desapercibida la norma no escrita de lo de los demás es mio y lo mio es mio, resultado de un modo de vida y unas costumbres que no dejan en buen lugar a quienes reclaman derechos, permisos, privilegios, de un modo aleatorio y mirando por encima del hombro, sin pensar en consecuencias y menos aún puestas las miras de aquí a un tiempo lejano. 

¡Lo quiero ahora y ya!  Ciudad infantil que cada mañana se levanta caprichosa -cada día, durante los trescientos sesenta y cinco del año- y trata de imponer sus propias creencias en el campo cultivado de juegos que le otorga el descontento y la resignación generalizada.

 El amarillo, pese a todo, es el color que utilizan los troquelados para pintar el sol, que hasta eso quieren hacer suyo. A veces uno se avergüenza -veinticuatro horas de veinticuatro- de la tierra en que pisa, por mucho que la trate de aceptar, cuidar y mimar.
 
Ahora pretenden separar las mala costumbre del robo de guante blanco del rostro que tira la piedra y esconde la mano. Y para hacerse notar, que son muchos, y que son cabezotas, y que tengo razón o razones -que ni el corazón ni el resto de los casihumanos, entendemos- salen en pelotón a retozar los unos con los otros, que grande tiu, això es genial.  Y a   comer de vuelta a casa, para celebrarlo en familia, como se consulta todo en este país, bajo la tutela del progenitor comiendo canelones caseros.
Un mundo tan estrecho de miras no tiene fuerza ni es capaz de minar las risas despreocupadas que nos producen a una evidente mayoría, más realista e inclusista, sin partidos ni banderas, inclinados hacia la duda, el interrogante constructivo y afectados por la picadura producida por aquella cola del enjambre que vaticinaba a gritos: fem país, fem país.
 
(Viéndolas venir, s.s.)