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8 de diciembre de 2015

CINE - VICTORIA (Alemania, 2015), de Sebastian Shipper





 
Rodada en el barrio berlinés de Kreuzberg, famoso por albergar a una mayoría de residentes turcos, contemplaremos el giro inesperado de la vida de Victoria, española, una noche cualquiera en su recién estrenada vida en una ciudad lejos de su país de origen, donde trata de huir de la decepción que con apenas veinte años han hecho que renuncie a su sueño de infancia.
Es una historia cruda, que me recuerda a la no menos impresionante Gegen die Wand, galardonado hace más de una década en el Festival Internacional de Cine de Berlín.
Lo anodino de esta película es su capacidad de atrapar al espectador desde el minuto uno; el mismo espectador que ya aprisionado desearía huir o despegarse de su asiento, sin éxito, a partir del minuto 90, cuando surge la verdadera película.
Un placer en su idioma original, porque disfrutaremos con más contundencia el ambiente de los extranjeros que deben adoptar una tercera lengua para hacerse entender (inglés, en este caso) mientras aprenden el idioma del nuevo país, y también saborearemos el espíritu de la banda de chicos delincuentes, con su inconfundible acento turco y el sentido de declararse berlineses con tanta vehemencia son algunas pistas de cómo se originan ciertos conflictos cotidianos entre turcos y alemanes que se ven obligados a convivir en ese país.

El secreto de esta película.  No se puede obviar el gran trabajo del cámara, en esta única secuencia de varias horas, Sturla Brandth, en un largo-largometraje con un bajo nivel de inversión.
En la línea de historias que relatan un episodio en la vida de criminales de baja monta, como Lola rennt, o la referencia a pandillas callejeras como sucedía en Absolute Giganten, Sebastian Shipper es una de mis debilidades teutonas en lo que a realización y dirección se refiere.  Pocos se atreven a improvisar diálogos sin impostar durante una película de esta longitud.
Sin llegar a los excesos, es una cinta en la que miles de jóvenes (y los que no lo son tanto, pero que tienen un pasado) se verán reflejados, y que también atraerá a aquellos psicólogos de sofá que no tendrán que esforzarse demasiado para conocer los motivos por los que una joven estudiante del conservatorio, que gana cuatro euros la hora trabajando en un café de Berlín, actúa al mismo tiempo como una irreflexiva joven de su edad o nos conmueve repentinemente con esas explosiones de madurez y reacciones nada pueriles de quien ya está de vuelta de todo.

Una curiosidad: la actriz acudió al casting llena de magulladuras tras un accidente de moto; conduce de vicio y no se rinde fácilmente.  Con esta actuación auguro que esta chica tiene a partir de este momento una exitosa carrera asegurada.
 
Repetimos: Una única toma, una única cámara, ritmo vertiginoso, no apto para cardíacos. Para que luego no digan que no les avisé.
Mi recomendación del año.
 

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