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6 de diciembre de 2011

RESEÑA - SAPORE DI SALE


SAPORE DI SALE (Una Crónica Sentimental Italiana)
Libro de Viajes - Testimonio
Arturo San Agustín

Editorial Península
Colección: Atalaya 410
© Arturo San Agustín, 2011
© Prólogo , Joan Manuel Serrat, 2011
1ª Edición Enero de 2011
Género: Libro de Viajes – Testimonio
ISBN: 9788499420783
386 Páginas
 
Argumento
Por qué buscar un argumento cuando la confluencia de varias situaciones, recuerdos, objetos y pasiones ya lo hacen por sí solas.
De trasfondo Italia, un país dinámico en donde el gesto exagerado y el ruido callejero forman parte de su idiosincrasia, una tierra en donde aún quedan personajes de esos te sonríen con los ojos. Y no es casualidad, considerando que Italia es uno de los pocos países europeos que parece conservar el secreto con el que consigue la connivencia de lo más novedoso o moderno junto a la conservación de antiguas tradiciones familiares, folklóricas, o de sus monumentos.
Esta es la esencia de la vida, de Sapore di Sale, con las historias que nos narra Arturo San Agustín, entre vasos de vino criado en la misma tierra, el sabor de la comida casera, y la amistad incuestionable. Como si nos escribiera una carta enviada en tiempo de vacaciones.
Historias narradas por sus protagonistas o personas cercanas, y que se extienden de boca en boca, acompañados de un buen vino.
Sapore di Sale es una crónica de vida, de instantes recogidos a modo de impresiones. En ocasiones las historias toman forma mediante diálogos y conversaciones mantenidas entre los personajes protagonistas (¿todos reales?), o a través de anécdotas divertidas, como el cruce de existencias que pudo existir con el mismísimo Onassis, en una surrealista secuencia de playa. no pretende ser un copia exacta de nada, sino que se manifiesta desde el recuerdo, los sentimientos que surgen al admirar –en este caso- Riomaggiore, una tierra cubierta de cepas centenarias, que huele a mar, y para colmo, amenizada con banda sonora. Como en una película.
 
Opinión

Mi mayor preocupación antes de abrir el libro era conocer la razón de una historia sin pies ni cabeza. Cómo se come, pensé, introducir canciones, vino, lugares con un denominador común y no ser un libro de viaje al uso. Porque no tenía ganas de leer una guía de viajes, la verdad sea dicha
La mente humana es traicionera, y el tiempo termina por borrar lo que un día conocimos como verdad; con el devenir de los años le quita el disfraz y la adorna con nuevas sensaciones.
Arturo San Agustín se ha servido de la confluencia del mar que salpica a la Liguria y de la amistad, entre otros; de historias que le cuentan y que él no cuestiona, pero que traslada con su idioma mental particular al folio, porque lo que uno se imagina desde el momento en que cierta historia llega a su vida también es válido, por qué no, como punto de partida.
Y aquí está la razón de que este libro me atrapara -y sin darme cuenta-.
El hilo sobre el que transcurre la historia, la que Arturo San Agustín ve, no sigue un periodo lineal en el tiempo que podamos ir marcando con el dedo, ni es estática, salvo por los puntos geográficos, que sirven como punto de anclaje para situarnos en esa atmósfera particular y asimismo permiten que se vuelva sensorial y llegar incluso a oler, tocar, o escuchar el ambiente de fondo.
Al terminarse un capítulo ni siquiera importa demasiado que las historias hayan sucedido tal cual las narra. Lo que queda es la vivencia particular que experimenta el lector. Esto es lo que me ha hecho seguir leyendo un capítulo tras otro. El "a ver qué descubro y qué recuerdos me trae lo que me está contando".
En Sapore di Sale hay tantas historias como nuestra imaginación se permita imaginar, porque cada persona es un mundo, y el mundo de Sapore di Sale mantiene su pasado y su memoria indelebles gracias a una serie caleidoscópica basada en narraciones particulares.
El tono íntimo y acogedor general del libro surge de la luz de ese paisaje tranquilo, de una tierra que nos huele a mar y a vino y de un ambiente general de relax interno, lo que no quita la introducción de situaciones dinámicas.
Durante la lectura de Sapore di Sale he recordado esas sobremesas -que casi siempre se dan en lugares ajenos al propio-, en donde uno mantiene la atención en los sentidos más que en las historias. Momentos en que uno se descubre siendo protagonista, más que escuchante, dando forma mental a los motivos que se esconden detrás y entrando en situación de manera natural.
Para entendernos, esos instantes tras los que de manera espontánea nos sobreviene una especie de recogimiento que nos lleva a meditar y asimilar lo vivido.
Sapore di Sale
Como curiosidad, al final del libro, en vez de la bibliografía al uso, aparece una lista de Dramatis Personae - sí, en latín, como así la ha querido nombrar-, desde el compositor Morricone, pasando por el cineasta Fellini, e incluso Homero, Petrarca o Mary Shelley. se detallan en dicha lista los personajes que ha ido apareciendo en el libro.
Sombreros pillbox, el director Billy Wilder, y Mina. La famosa fiesta de Il Palio, en Siena,...Y ahí me atrapa, porque a mi las referencias en cualquier libro me enganchan.
Personajes que resucitan bajo la atenta mirada de Arturo San Agustín, entre historias que surgen de lo más profundo, como la vid lo hace de la tierra, no hay lugar para distracciones racionales. Las historias no cobran vida en el momento que se plasman sobre el papel, y es por eso que al escuchar las ajenas con atención, nos sobrevienen destellos que abren los cajones de nuestra memoria particular.
Independientemente de que las vivencias transcurran en Riomaggore, Italia, de comer un minestrone o de las canciones y artistas con nombre propio escogidas por el autor, Sapore di Sale consigue hacerle ese guiño de ojo al lector, susceptible de reconocerse en más de un instante, conversación y/o situaciones que transcurren a lo largo del libro.
Si a golpe de varita mágica uno cambia el escenario, las marcas de las bebidas y los rostros, nos topamos con nuestros propios recuerdos. Todos tenemos esa canción o melodía -seguramente varias- que suena de fondo en nuestras cabezas. O un brindis que dejó huella, y tantos momentos que nos conducen hacia el recogimiento y la introspección.
Y cómo no, esos minutos surgen en compañía. La amistad, como la felicidad, se compone de instantes que Arturo San Agustín ha bautizado con el nombre de los suyos propios.
Ahora solo queda que cada uno bauticemos los nuestros.
 
Saray Schaetzler, para Anika entre libros
 

 

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