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6 de enero de 2012

LO LLAMARON PASIÓN.  Y la compramos de rebajas.



Es lo que tiene la pasión , que se desboca cubriendo a todos los ámbitos del que la posee. Se desata en cada minuto, es presente.  La pasión no entiende de alambradas, ni de protocolos, los debes y los tendrías que no entorpecen su camino ni forman parte de su diccionario particular, se los salta como lo haría cualquier buen jinete, con el escudo de la vida en una mano y el sable de la muerte en la contraria, tal cual da igual la diestralidad o siniestralidad, ahí se las den todas, hay que aprender a luchar y a defenderse en ambos lados olvidándose del tiento innato.
La pasión no se detiene a cuestionar si es acto es en si moral o escrotal, ni si tiene padre ni madre, ni cordón umbilical.  No es filial.

Los que somos apasionados disfrutamos pasionalmente de los cereales del desayuno, de gritarle a quien no reacciona, disfrutamos al verle patalear.  En muchas ocasiones se nos señala además como los únicos seres (pas-sionales) capaces de conseguir que se calmen tras la explosión.

La pasión no es peligrosa, solo hay que saber defenderla y abanderarla en su justa medida, apasionarse por la vida y por la muerte, cuando parece que nada tiene sentido, y es pasión, sin más. El apasionado no siente más por la vida que lo que lo hace por la muerte.  No es apasionado quien escribe poemas de amor al aire y sin sentido, al amante pasajero o por cuestión de deuda emocional (que  no son sino dudas, de lo mismo).  El apasionado no escribe, es escrito;  no vive, que se deja sorprender; no pregunta, tiene capacidad de sobra para atestiguar y dar fe de lo que observa a su alrededor. Y afortunado quien le entienda más de lo que pretende hacerlo él sobre si mismo.

La pasión sabe que cualquier tiempo que va más allá del aquí y del ahora no existe, no significa más que los segundos de intriga que produce ver un anuncio de perfume, que sin tener ni una muestra tal la mayoría ya se han vendido a la ganga en cuestión.  El apasionado crea el perfume, es el anuncio, no quiere comprar nada;  se da de bruces contra la pantalla y con la misma energía que recibe, deja que fluya, que se transforme lo que no ha de asir. Porque así ha de ser. El resto es producto de consumo perecedero, y el que no gasta sin dejar restos se apasiona, y la pasión hay que digerirla con locura sana, sin miedo a perder ni a ganar, feliz de atravesar el dolor que la mayoría rechaza. 

Los apasionados, que no los pasionales, son dueños de la vida, la señora apolítica, tremenda, y repito para que redoble el impacto, tremenda, que nos mira desde arriba y no entiende a qué jugamos mientras nos tira miguitas de sinrazón, de paroxismo intelectual, del gas borgiano.

La pasión no arremete, en eso se confunden, está ahí escondida, al acecho, a la espera de que la encuentren para restallar y confundirse con la razón tan malsana, y dejar que sus pedazos se esparzan en la miserable existencia de quien cuenta, recuenta, mide y calcula posibilidades estudiadas: pura falacia.

Así que, por favor, déjenme hablar y ser solícita con mis pasiones, que yo no me meto con sus rebajas de reyes.


(Mi regalo para Miss, alguien que no cree en la pasión, sino que la dignifica.)

©Saray Schaetzler, 2011 (Serie A vuelapluma)
http://www.youtube.com/watch?v=Odl1pviQd5Y&feature=related

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