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3 de octubre de 2014

ENTREVISTA - Mª PAU DOMINGUEZ

LAS DOS VIDAS DEL CAPITAN, de Mª Pau Dominguez




Diego de Alvear y el Odyssey.

Me gusta la lluvia suave, así que en esta ocasión estoy de suerte.  Me encuentro con Mari Pau Dominguez en la sala que hace las veces de recepción, un hotel que a modo premonitorio me recuerda los entresijos de algunos ferrys, por su estructura abierta, de cristal y aluminio.  Hoy precisamente saldrá el tema marítimo en la conversación, ya adivinaréis por qué.

Entonces, el papel de la mujer era para echarse a llorar, pero no lo juzgo;  de otro modo no podría escribir novela histórica, porque la revolución, que ha conseguido cosas importantes para la mujer, como el sufragio universal;   como en España, sin ir más lejos, poder conseguir una cuenta corriente, es de hace dos días.



Me ha llamado la atención el papel que juegan las mujeres en la novela. Cuando retrocedemos en el tiempo es inevitable no hablar de estereotipos femeninos: la mujer madre, la mujer esposa.  Entiendo que para escribir te pones en la piel de esas mujeres.  ¿Cómo mujer, has tenido la tentación de rebelarte mientras escribes?

No, no.

¿Te resulta fácil?

Yo que me considero de una posición más bien progresista, e incluso te diría que feminista, no me resulta difícil ni me genera un deseo de rebelión permanente, porque cuando escribes novela histórica has de tener presente la época sobre la cual estás escribiendo y no podemos escribir sobre siglos pasados con la mentalidad del siglo XXI.
Me ha pasado en esta novela, que está ambientada en hace doscientos años, pero también cuando he escrito sobre el siglo XVI, y entonces el papel de la mujer era para echarse a llorar, pero no lo juzgo;  de otro modo no podría escribir novela histórica, porque la revolución, que ha conseguido cosas importantes para la mujer, como el sufragio universal;   como en España, sin ir más lejos, poder conseguir una cuenta corriente, es de hace dos días.
No puedo ponerme en la piel de aquellas mujeres porque me rebelaría permanentemente;  tengo que respetar las costumbres y los usos de la época en la que se escribe, lo cual no quiere decir que uno esté de acuerdo en absoluto con lo que hagan esos personajes.

Aparte del papel de escritora ¿no resulta difícil no juzgar o mantenerse en ese papel, más que objetivo, neutral?
Sí que puedes tener una opinión, pero lo que no puedes es crear personajes de aquellas épocas tan distintas a las nuestras con la mentalidad que tienes ahora, sería imposible y seguramente mis novelas no habrían tenido el éxito que han tenido.  Lo que hago es respetar al máximo la visión de la época: cómo se movían o relacionaban entre ellos; el amor cambia, y tampoco son iguales las relaciones sexuales en el siglo XVI que en el siglo XVIII, ni en éste que en el XX.  Yo escribo desde el siglo XXI, y no puedo hacerlo con mi mentalidad.

Otro tema que ha llamado mi atención es la relación que mantienes en el libro con las estrellas, el firmamento,…  No dejan de surgir alusiones a estos conceptos: astronomía, astrolabio, … ¿Qué relación tiene Mari Pau con el firmamento?

Mari Pau, no (risa), la tiene Diego de Alvear, que además de tener una buena formación como marino era muchas otras cosas.  Para mi era un naturalista, y además un matemático y astrónomo.  Me gustaba mucho la relación que él tenía con los astros, que he querido mantener a lo largo de toda la novela.  La astronomía tiene un peso importante en la primera parte, cuando llega a América.  Se establece una relación muy bonita entre Diego de Alvear y los astros, los necesita, porque llegan a hablarse: a veces pide respuestas al cielo a dilemas que se le plantean en la vida.  Ya en la primera página mantiene una conversación con su maestro, Mazarredo, que le cuenta que ha descubierto que es la Luna la que regirá las mediciones en la Tierra, y él se pregunta cuál será el papel de las estrellas a partir de ese momento, porque siente que pierdan ese papel predominante en astronomía.
Es bonito, porque tuvo que pasar muchísimas horas de soledad frente al cielo, en la selva y en tierras muy salvajes y hostiles.

Ahora se sale porque hay que buscar el sustento y porque este país no es capaz de retener a los 80000 españoles que han salido en el 2013, muchos de ellos muy bien formados.  Y la rentabilidad de esa formación –pública, que pagamos todos- se la van a llevar los alemanes, los ingleses, los franceses, los belgas…


¿Por qué has elegido esta época? ¿Qué te movió a remover una historia sobre las expediciones?
Es la primera vez que escribo sobre esta época, y la he elegido por el personaje;  si hubiera nacido en otro siglo, seguramente habría escrito sobre ese tiempo.  Por encima de la época, para mi estuvo Diego de Alvear.

¿Cómo lo descubriste?

A partir del seguimiento en la prensa sobre el caso Odyssey y el expolio sobre el tesoro de las Mercedes encontré que Diego de Alvear había vivido una tragedia tan enorme como perder todo: siete de sus ocho hijos, toda su fortuna, tras treinta años que llevaba en tierras americanas al servicio de la corona -por lo que debía ser una fortuna considerable-, y las personas que estaban a su lado, que llevaban con él muchos años,… ¡lo perdió todo!  Y esa tragedia me llamaba mucho la atención.  ¿Cómo podía un hombre sobreponerse a todo eso?  Tirando de todos los hilos de su vida me llevaron a dos tierras, dos continentes muy distintos, así como sus dos amores, viendo claro que era un personaje de novela. 

Además de la propia historia y del personaje que has descrito, ¿has descubierto en el mundo de estas expediciones algo que te haya impactado y quizá no haya quedado reflejado en el libro?

Yo creo que está reconocido, por ejemplo, la tarea que hacían los españoles en el siglo XVIII en el Nuevo Mundo.  A lo que se dedicó Diego durante más de veinte años, de los treinta que estuvo allí fue a la demarcación de límites, que se regía por el Tratado de la demarcación de los límites de 1777.  Eran las fronteras que se tenían que trazar, ya que eran territorios vírgenes de muchos kilómetros, y tenían que delimitarlos para saber qué correspondía a la Corona de España y qué a la de Portugal.
Aquello, sobre el terreno, fue un infierno, ya que tenían que ir, a pesar de las picadas, las selvas, con sus altas temperaturas y además la humedad, a partir de lo cual se emanaban unos vapores por los que algunas personas se asfixiaban, o bien morían pasto de las alimañas o de mosquitos, de especies desconocidas para nosotros; había saltos de aguas que era imposible sortear…condiciones muy difíciles.
A pesar de ser un infierno, a Diego de Alvear le atraía, porque descubría unos paisajes y una naturaleza inimaginables.

De todos modos, él parece que soñaba con volver a España…

Sí, desde la primera página de la novela.

Muy recurrente esto en los españoles, volver al nido…

Sí, en la novela se dice que la cuna y el origen no pueden salir del corazón, nunca acaban de salir del todo, y su gran sueño era regresar a Montilla, porque aunque era un buen marino deseaba dedicarse al campo, que era lo que le gustaba desde su infancia.  Su abuelo fue el fundador de las bodegas Alvear, y su padre siguió la estela del abuelo.  Él tenía ese sueño, y a un día de alcanzar la costa de Cádiz –el puerto de destino-y lograrlo, el ataque injustificado de los ingleses truncó ese sueño.
Alvear fue uno de los olvidados de las fastuosas generaciones de la Constitución de Cádiz, y sin embargo fue un gran héroe contra los franceses.



Sorprende esta parte del libro a los que no conocemos la historia, cuando tras perder a dos de sus hijos, por unas fiebres, uno cree que lo peor ya ha pasado, y de repente pierde a ¡todos! – Menos uno- de sus hijos restantes.

Se mueren todos…Y el que se salvó, por una carambola de la vida, el destino que hizo que en el último momento, antes de zarpar, su mujer Josefa le pide que se lo lleve con él, ya que a la edad de catorce años enredaba con los pequeños y era un poco travieso, y ese el motivo por el que salvó la vida.  Cuando cumplió veinte años regresó a América, concretamente a Argentina, y fue el iniciador de una estirpe muy ilustre de políticos argentinos.  Nosotros no le hemos prestado ninguna atención al personaje, como a tantos otros que seguro nos ha dado la historia, y sin embargo en Argentina sí son muy reconocidos.  Hay una provincia, pueblos, hoteles, con el nombre Alvear.
Alvear fue uno de los olvidados de las fastuosas generaciones de la Constitución de Cádiz, y sin embargo fue un gran héroe contra los franceses.
Es típico  ¡Qué mal nos portamos con nuestra propia historia!  Luego tienen que venir hispanistas británicos y americanos para biografiarnos.

Es como una constante por parte de los españoles, esto de salir fuera a buscar las futuras raíces.  Y ahora volvemos a salir debido a la crisis… ¿qué crees que nos traerán estas nuevas expediciones?

Es muy distinto, claro.  Entonces íbamos a descubrir, ahora se va a sobrevivir.  Se sale porque hay que buscar el sustento y porque este país no es capaz de retener a los 80000 españoles que han salido en el 2013, muchos de ellos muy bien formados.  Y la rentabilidad de esa formación –pública, que pagamos todos- se la van a llevar los alemanes, los ingleses, los franceses, los belgas…

¿Qué descubriremos los españoles con estas expediciones actuales, dentro de unos años?

Constataremos algo que ya sabemos: que se está haciendo muy mal.  No se puede permitir que tanta gente salga.  Antes se iban a completar formación, o trabajaban mientras lo hacían, se aprendían idiomas,… Ahora se sale muy formado, con la confianza de encontrar un trabajo, aunque sea malo, y esa es la realidad, por más que nos quieran engañar.

¿Adónde nos llevará todo esto?

No lo se, pero desde luego nos estamos descapitalizando, perdiendo el talento, con la cantidad de científicos, no solo bien formados, sino ejercientes, que han tenido que salir de España, y esto seguramente nos saldrá caro.

¿Algo más que añadir?

Sobre esto no (risas), que me estoy enfadando.  Prefiero que sigamos con el siglo XVIII.

Quién lo diría, que el siglo XVIII no nos revolvería tanto la sangre como el presente (más risas)

Solo remarcar algo muy personal que ha supuesto para mi escribir esta novela, que es la impresión de haber escrito varias novelas en una sola, ya que hay parcelas de la misma que por sí solas podrían dar lugar a un nuevo libro. Han sido momentos muy intensos, tanto por lo histórico como por lo personal.  Nunca había tenido esta sensación tan de aventuras, de que estén pasando cosas continuamente.  Y es lo que sucede en la novela, que los sentimientos es como si pasaran de un mar en calma a un mar tempestuoso.

¿Escribir sobre un hecho verídico te resulta más fácil o más difícil?

Me resulta muchísimo más interesante, más satisfactorio, porque el hecho de saber que aquello sobre lo que estás escribiendo es real adquiere una dimensión distinta, el mismo acto de escribir ya es distinto, mucho más apasionante.  Incluso los documentos que aparecen en el libro -cartas, documentos naturalistas, los testimonios en primera persona de algunos supervivientes- son literales, reales, lo que le da una viveza distinta de lo que sería una novela histórica y nada más, tiene vida, todos existieron y vivieron lo que ahí se cuenta.

Te deseo mucha suerte en la presentación de este libro.

¡Muchas gracias!

Y así, entre chaparrón y chaparrón nos despedimos bromeando a costa del cansancio que arrastra ella entre vuelo y vuelo, y deseándonos buenas vacaciones.  Nada relevante, al lado de esas aventuras sobre las que acabamos de conversar.

Por Saray Schaetzler

Ir a la reseña de Las dos vidas del capitán, en este blog






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