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1 de marzo de 2015

ENTREVISTA A MARCELO FIGUERAS, por EL REY DE LOS ESPINOS



Con esta premisa nos ha llevado el autor de “El rey de los espinos” de la mano, hacia aventuras que recrean los personajes fabulados que encarnan las pasiones, el drama social actual o temas controvertidos aún en ciertos paises o culturas, como es la patente homosexualidad de una de sus figuras ficticias.


Me reúno con el escritor argentino Marcelo Figueras en el Hotel Silken, famoso, entre otras cosas,  por las fabulosas vistas de su terraza, desde la que es fácil observar de reojo a la conocida Torre Agbar. 

Marcelo, háblame de tu relación con el cómic.

No soy consciente de cuándo comenzó mi relación con el cómic, pues no recuerdo en mi vida un  momento en que no los haya leido.  Desde los inevitables clásicos infantiles, empezando con toda la saga de superhéroes, mezclando con la producción de los argentinos, y ya luego con el cómic europeo.

Creo que el cómic te da esta ventaja maravillosa de que te acompaña en todo el viaje de tu vida

Hay cómics para cada edad, para cada cabeza, para cada sensibilidad, y lo mismo que ocurre con la música, el cómic te acompaña desde la infancia y puedes ir encontrando obras maravillosas todo el tiempo.

¿De dónde salen los personajes de la novela? ¿Son reales? ¿Inventados por completo?

Son completamente inventados.  “El rey de los espinos” comienza con el asesinato de un importante dibujante de cómics argentino, una invención, y comienza la mañana de su entierro al cual acuden, además de su familia y sus amigos, Nilo, que es el protagonista, uno de los enterradores, un chico de quince años que trabaja en el cementerio de San Fernando, a las afueras de Buenos Aires, y que no tiene más remedio que trabajar si quiere comer y sostener su casa, y cuatro personajes vestidos de manera estrafalaria a modo de los personajes más conocidos del autor fallecido.  Es el propio enterrador quien se da cuenta de que no van disfrazados sino que son los personajes reales de este autor de cómics, que han ido a parar a Argentina, no saben ni cómo ni por qué, y ahí arranca la novela.  Hay un caballero medieval que cree formar parte de un hechizo, un pirata de la guerra del opio en China que cree estar sufriendo una alucinación,…pero todos inventados por mi.  Sí es cierto que hay un caballero medieval, pero no al estilo de juego de tronos, sino que tiene características propias, es gay;  el pirata es un adicto al opio; el vampiro no es el típico centroeuropeo de estilo folklórico, sino un vampiro de Guatemala, inspirado en la mitología maya.  Tampoco el explorador del futuro se parece a Flash Gordon, sino -en todo caso- a Toro Sentado, porque es descendiente de los pueblos originarios de la América del Norte, con una cara para nada pálida…



Con este tipo de personajes, ¿a qué público crees que va dirigida la novela?

Va dirigida a todo público que le gusten las buenas historias, en especial las historias de género, y que le gusten los géneros que se entrecruzan, porque en esta hay fantasy, ciencia ficción, terror y aventura propiamente dicha, y también atraerá a los fans del cómic, ya que está ilustrada por Riki Blanco, un artista catalán fabuloso con el que comencé a trabajar hace muchos años, cuando acababa de empezar a trabajar en esta novela, el responsable de darle la cara y las siluetas a los personajes.

¿Ya pensabas, antes de escribirla, en hacer una novela ilustrada?

Ya formaba parte del proyecto al comienzo, en mi cabeza, desde que la novela comenzaba con el asesinato de un escritor de cómics, y tenía que ver con sus personajes, sueltos a su suerte en un mundo como el nuestro, para el que no estaban preparados; siempre estuvo esta idea de poder ilustrarlos y mostrar cómo eran.  De hecho, su naturaleza es doble, ya que los personajes tienen una versión como dibujos y además tienen una encarnación como seres reales.  Fue un proyecto pensado para tener elementos audiovisuales.

¿Supone algún inconveniente escribir para lectores españoles de lengua castellana? Quiero decir, está escrito tal y como habláis los argentinos…

La verdad es que en ese sentido debo decir que la editorial fue muy respetuosa. Tiendo a escribir en un castellano que inevitablemente es argentino, pero trato que no sea exageradamente argentino; en todo caso hemos conservado las locuciones y diálogos en argentino que tienen que ver con las cosas que se escriben asi en Argentina, más que nada por la verosimilitud.  Si los personajes, que son argentinos, hablaran como los españoles, no te creerías la historia.



En la narración se encuentra representada la amistad, y aparecen otros valores y temas populares: pobreza, aislamiento, estratos sociales, ayuda vecinal. 
¿Supone en tu pais una desventaja pertenecer a una clase social o estrato y no a otro, a la hora de acceder a la cultura?

En general lo ha sido históricamente, sí.  Es algo que se marca un poco más o menos dependiendo de la época y el proceso político que se esté atravesando.  Lo ha sido clarísimamente durante la dictadura, y durante la década de los noventa, que fue cuando nuestro pais atravesó la mayor crisis económica, con un índice de desocupación inmenso, con gran cantidad de gente y familias que estaban con un índice por debajo de la pobreza. En todo caso el clasismo en Argentina no es tan fuerte como en otros paises de América Latina, en donde la diferencia entre la clase dominante y el resto es muy marcada, pero nosotros tenemos este extraño fenómeno de la clase media argentina que en general es, por su extensión, única en América Latina

¿Todavía existe la clase media en alguna parte del mundo? (risas)

Sí, en Argentina existe. Lo cierto es que corrió verdadero riesgo al finalizar el siglo XX, allá por el 2003, que se cayó de la escala social;  pero existe la clase media argentina, que como todo fenómeno social tiene sus aspectos negativos y sus aspectos positivos.  Dentro de éstos, decir que tenemos a un gran número de gente con acceso a la educación, a carreras, y con un importante nivel intelectual, aunque al mismo tiempo las ideas políticas de esa clase media son reaccionarias, precisamente porque

nada le gusta más a la clase media argentina que imaginar que son clase alta, cosa que no es.
Por eso en momentos esenciales de la historia ha tenido esta casi tendencia suicida a votar como si fuese rica cuando no lo era y a convertirse en la primera víctima…

…tirando piedras en su propio tejado…

Exactamente.  La clase media argentina a veces juega en contra, pero después de todo, si se la compara con América Latina sí hay clases sociales marcadas pero la movilidad entre ellas es relativamente fácil.

¿Por qué deberían interesarse los lectores por esta obra?

Primero, porque se van a divertir y se van a entretener, porque les ve a llevar de viaje por paisajes o mundos que no habían imaginado conocer; también porque de pasada les va a llevar a pensar en el mundo que les ha tocado vivir y replantearse la cuestión de quiénes son los verdaderos villanos en este mundo, y cómo deberían ser los héroes que necesitamos para defendernos de los otros villanos que rigen este mundo; esencialmente van a pasar unas horas muy agradables.

Otras de tus obras se están traduciendo a varios idiomas. ¿Era esto lo que esperabas cuando comenzaste a escribir?

Sí desde el punto de vista de que mi cultura es universal, también, por extensión de pertenecer a una clase media argentina, y porque tengo la convicción de que aún escribiendo historias en Argentina y en este momento, son universales.  En ese sentido se puede saltar cualquier barrera de idioma o de cultura, porque creo que básicamente son obras que giran en torno a las preguntas y las obsesiones que tenemos, vivamos en donde vivamos, sea cual sea la clase social a la que nos haya tocado por suerte o hayamos conseguido;  las preguntas esenciales de encontrar algo parecido al felicidad plena, aún cuando las circunstancias que te tocan en suerte hagan todo lo posible por ponerte la zancadilla son cosas que nos conmueven y nos planteamos todos en cualquier sitio en donde estemos.

Por último, Marcelo, tú tienes varios registros: cineasta, periodista, escritor,… ¿con cuál convives mejor?...

Con todas…

…¿Cómo confluyen entre sí?

Yo creo que esencialmente soy un narrador.  Lo que a mi me gusta hacer es contar historias, y por distintas razones -algunas más naturales que otras-, las historias adoptan formas diferentes.  Yo he sido periodista durante veinte años o más, y a pesar de que renegaba en algún momento de la profesión entendí que esa era simplemente otra faceta de la misma.  Ser periodista también significa contar una historia, y en todo caso, los parámetros por los que te mides son distintos, ya que sabes que lo que cuentas es cierto.  Salvo esto, el resultado debe ser atractivo…

¿Noto cierto desencanto con esa profesión…?

No (dudando), pero si lo es en un pais complicado como la Argentina, es una profesión dura.  Por eso te digo que finalmente me he reconciliado con la profesión desde este lugar; como a tantos artistas -o proyectos de tal- mis padres, cuando yo era muy joven, me sentaron y me dijeron, sí, muy lindo que vayas a escribir, pero ¿cómo te vas a ganar la vida?  Entonces elegí el periodismo como algo parecido, relativamente emparentado a lo que yo quería hacer y lo hice, y me fue muy bien durante muchos años, y finalmente me convertí en escritor, con lo que tampoco tengo que renegar de esta profesión que ya no practico, salvo ocasionalmente, con artículos periodísticos o reportajes, pero a la que le tengo mucho afecto.

Así que estoy hablando con un conseguidor de objetivos…

(Se rie)

Te deseo que pases una buena estancia en Barcelona, y suerte con tu obra.

Muchas gracias.

Me despido de Marcelo y de Susana, la editora de Grijalbo, y ya en la calle le echo un último vistazo a aquel edificio impresionante con forma de supositorio -apodo por el que se le conoce en la ciudad condal- quizás por última vez, antes de que reconviertan esta mole de oficinas en un complejo hotelero.










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