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21 de abril de 2011

RESEÑA - EN LA SOLEDAD DEL FARO, de Francisco García Martínez

EN LA SOLEDAD DEL FARO, de Fco. García Martinez
por Saray Schaetzler
para Anika entre libros



EN LA SOLEDAD DEL FARO

(En la soledad del faro, 2011)
Francisco García Martínez

Editorial Círculo Rojo
Colección: Relatos
© Francisco García Martínez
© Derechos de edición reservados. Editorial Círculo Rojo.
© Josef F. Stuefer. Fotografía de Cubierta.
© Luis Muñoz García. Cubierta y diseño de portada.
1ª Edición: Febrero 2011
Género: Narrativa – Relato
ISBN: 9788499910437
112 Páginas



Argumento

En la soledad del faro es una obra construida por medio de varios relatos que nos habla a través del personaje de un farero, sin rodeos y sin barreras emocionales. Es tal la cercanía de la narración que llegados a un punto de la lectura no distinguimos si el cronista es una figura real que se imposta para convertirse en personaje, o si se trata del propio farero inmerso en su entorno.

A través de varios relatos cortos el farero nos transmite la esencia de la vida, pues en ellos se refleja tanto el amor como el desamor, la vida y la muerte. Las situaciones triviales del día a día en ese pueblo de marineros actúan sobre el lector como resorte introspectivo.

En En la soledad del faro se resume el lugar que ocupa la esencia de lo grande, lo que escribimos con mayúsculas, que es al fin y al cabo lo más sencillo y lo que con frecuencia nos pasa desapercibido.

Opinión

Esta es la primera obra publicada de Francisco García Martínez, un sevillano comprometido con la escritura, como lo ha venido demostrando durante años en su blog, en donde vuelca sus pensamientos y meditaciones con la libertad de quien cuenta con el largo camino de la experiencia personal.

En la soledad del faro reúne varios relatos en un mismo volumen; si bien encadenados conforman una historia, también se pueden leer salteados sin que se rompa el encanto que sin duda encierra cada uno de ellos por separado.

Francisco García Martínez (Sevilla, 1958), ha sabido construir a un personaje (el farero) de tremenda fuerza, que aumenta en proporción a la progresión de los relatos y le dotan de una personalidad bien armada. Un carácter inamovible, firme, del que tiene los pies bien plantados en la tierra y una integridad resistente a urbanitas frenéticos.

El libro es de lectura rápida y fácil, pero que hace reflexionar, no obstante. Esas lecturas que se quedan grabadas en algún ámbito no visible, y que nos sacan un hondo suspiro en cada punto final.

El farero se convierte por tanto en un narrador confiable que nos muestra una lectura entre líneas de la realidad circundante gracias a esa agudeza especial que tiene para la observación. Algo que solo puede florecer en terrenos abonados con una soledad interna muy especial -quizás no buscada pero sí reconocida y aceptada-.

Las figuras de el hombre y el farero se delimitan con claridad, y al mismo tiempo provienen del mismo personaje, que nos va engatusando más y más con su peculiar personalidad, que se intensifica y se vuelve cada vez más atrayente para el lector.

La lectura compensa a medida que avanzamos, pues estos relatos que se pueden leer por separado arrastran consigo otras historias de fondo, como es el amor que surge entre el farero y la viuda encargada del bar de cierto pueblo costero, tan intenso como el de dos adolescentes, tan voluptuoso como el de dos adultos que saben lo que quieren, un amor que crece a medida que avanzan los relatos, del que somos testigos como lectores.

Es posible que durante la lectura de En la soledad del faro surjan imágenes recurrentes de algún faro que hayamos visitado en alguna ocasión, e incluso que volvamos a echar un vistazo al que encontramos en la portada, de una belleza abrumadora para quienes admiran el arte singular de estos edificios creados para garantizar la seguridad de los navegantes en el mar. El libro de relatos evoca estas y otras imágenes en torno a los personajes y los ambientes que aparecen reflejados en esta breve pero intensa obra.

Si los faros fueron construidos con la idea de señalar a las embarcaciones las aguas poco profundas y el peligro de encallar, es bien sabido que a estas alturas ya se han convertido en algo prácticamente obsoleto, pues los barcos ya cuentan con sistemas modernos de navegación a través de GPS. Pero no debemos olvidar que estos aparatos no son fiables al cien por cien.

En este caso, es el farero quien se convierte en un sistema de navegación que nos conduce de modo seguro a través de las emociones, sentimientos, recuerdos y reflexiones, sin intención de juzgar ni lamentarse de su situación, sino todo lo contrario, pues parece dejarse llevar a un segundo plano, tal es el modo con el que nos transmite lo que observa.

Si algo me chocó al principio fue la construcción de los diálogos, a los que dota de una estética nada usual. Y es una vez finalizada la lectura cuando pierde importancia ese detalle, y seguramente nos encontraremos buscando información sobre ese pueblo, el faro, el niño de la bicicleta y el bar, esperando conocer la continuación de la historia, como esas películas que se nos hacen cortas una vez finalizan.

Así, la lectura de En la soledad del faro nos devuelve épocas en las que no se hablaba de Al-Qaeda, los tsunamis seguramente los imaginábamos como algo sobrenatural y las centrales nucleares nos sonaban desde lejos como opciones que sin duda no tendrían el éxito pregonado.

En los tiempos que corren, creo que En la soledad del faro es una obra a tener en cuenta para dejar a mano sobre la mesilla de noche, como remedio contra el pesimismo y el exceso de información diaria.


Saray Schaetzler

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