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15 de mayo de 2014

RESEÑAS - ÁVIDAS PRETENSIONES, Premio Novela Breve Seix Barral 2014

Ávidas pretensiones
(Ávidas pretensiones, 2014)
Fernando Aramburu
Seix Barral (Premio biblioteca Breve 2014)

© Fernando Aramburu, 2014
© Editorial Seix Barral, S.A., 2014
1ª Edición, marzo 2014
ISBN: 9788432222597
Tapa blanda
GÉNERO principal: Novela
Etiquetas- tags: Novela de ficción, humor y sátira, poetas y escritores, encuentros literarios, literatura española
416 Páginas

Argumento:

Un grupo de escritores de renombre se reúne durante tres días en un convento retirado en la montaña, con la intención de continuar la tradicional entrega del premio literario anual que reúne a varios literatos de prestigio.

Humor satírico, situaciones que provocan desencuentros y encontronazos, escritores que no escriben y etilismo poético.


Opinión:

Como se suele decir, la realidad supera a la ficción, y esta es la premisa que no me ha abandonado durante la lectura de esta novela de ficción. El escenario principal es un convento aislado, con su madre superiora incluida, el cual se convierte en un lugar de encuentro de ciertos autores, poetas, en donde lo inesperado pasa a formar parte de una trama que sin dudarlo podría tener algún tinte de autenticidad. Los personajes son por tanto reales en su propia ficción y muestran en ocasiones el lado más esperpéntico de la sociedad.  La historia se hila con el humor ácido y la jocosidad que no deja de desencadenar situaciones cada vez más inverosímiles, pero a la vez creíbles, en donde la frivolidad, la ironía y los prejuicios son parte de su encanto.

Alrededor del evento se construye toda una ida y venida de personajes y situaciones en donde confluyen los encuentros fortuitos, las rivalidades, enfrentamientos y como es natural sale a relucir la verdadera personalidad de los escritores allí reunidos.

Toda la obra se sostiene sin esfuerzo, y en lo tocante al lector puedo asegurar que resulta amena, divertida, con un humor inteligente e irónico y un empleo del lenguaje muy cuidado, con un tono que encaja perfectamente con el tema literario al que se refiere.

Creo que es la obra perfecta para recomendar a aquellos lectores que buscan calidad y humor en el mismo paquete, un tándem rebuscado y que no es sencillo hallar en las obras actuales de este pais.  Risas y satisfacción garantizadas.


Saray Schaetzler

5 de marzo de 2014

PREMIO NOVELA BREVE SEIX BARRAL 2014


Museo Marítimo, Drassanes, Barcelona.  Las salas siguen conservado el mismo encanto que recuerdo tras la que fue mi última visita al recinto, de eso hace ya unos cuantos años.  Sin embargo, el recinto en el que reúnen a la prensa es similar a cualquiera de los que se suelen utilizar con el mismo fin en cualquier hotel, sin personalidad ni encanto. El lugar ya está abarrotado, lo que se traduce en un concierto imprevisto  de melodías de móviles desconocidos que nos recuerdan la extraña manía de algunos por vivir en modo on de un modo permanente, le pese a quien le pese.

 

Hace las presentaciones la editora Elena Caballero, que sin más rodeos nos comunica que Ávidas pretensiones, del escritor Fernando Aramburu, es la novela ganadora, escogida por unanimidad entre más de novecientos cuarenta volúmenes que se han presentado. Manifiesta además que este año la variación temática ha sufrido un incremento en lo que ha trasfondo policíaco y político se refiere; por qué será.

   
 
 

El humor me sirve para cerrar heridas o como antídoto, no me imagino nada mejor que la risa, aunque reconozco que el mio es un humor cruel, que jamás utilizaría  con las víctimas ni con asuntos de agresiones. Fernando Aramburu

 

La mesa del jurado está compuesta por los escritores Manuel Caballero Bonald, Carme Riera, Eduardo Mendoza, y Pere Gimferrer, que expondrán sus comentarios en este mismo orden. No pasan más de diez minutos cuando mi trastorno de atención se muestra en todo su esplendor,  que se deja llevar por cierto aroma a humedad que inunda la sala y se pega a la ropa, olor a turistas de segunda o tercera, a bocata de calamar y tenderete de feria. Me concentro otra vez en la sala y un Manuel Caballero circunspecto y serio nutre la curiosidad natural de los presentes: una novela paródica que danza entre el esperpento y la caricatura, nos cuenta.

 

Le toma la palabra Carme Riera, también seria –no deja de sorprenderme lo formal que resulta este mundillo, por regla general-, alabando sobre todo la parte técnica del trabajo premiado, el dominio del lenguaje.  Poco más que añadir.  Las palabras de Eduardo Mendoza me devuelven a la realidad de lugar y espacio que ocupo –he de hacerme mirar esto que me sucede últimamente con la atención, deben ser cosas de la segunda juventud-: lo que se cuenta es creíble, asegura, y está escrito por un novelista de verdad.

 

El tiqui-tiqui-tiqui de un teclado me devuelve a la ensoñación y estoy a punto de perder el hilo de nuevo cuando P. Gimferrer entra de lleno a disertar sobre el ambiente poético literario, y es ahí en donde anclo mi atención, para asentir a su último comentario: en tres mil años, nadie se acordará de nadie.

 

El protagonista de la jornada acapara la atención en último lugar, y como en los premios del cine, o de la música, uno espera que saque la chuletita y nos aburra con los agradecimientos a la familia política y a la propia, pero seamos serios, este es un premio literario, y los discursos en este sentido son algo más estructurados.  Así, comparte con los presentes un sueño adolescente de convertirse en escritor, además de futbolista, ajedrecista, ciclista y lanzador de jabalina.  Un sueño que ha cumplido de sobra, y no de manera gratuita sino gracias a la perseverancia.  Sobre el humor -que parece ser un tema pendiente en su labor literaria- admite le sirve para cerrar heridas o como antídoto, y asegura que no se imagina nada mejor que la risa, aunque reconoce que es el suyo un humor cruel, pero que jamás haría humor con las víctimas ni con asuntos de agresiones.  Menos mal.

Recuerda que en una ocasión acudió a unas reuniones de cierto grupo literario alemán, el del cuarenta y siete, dirigido por un tal Richter,  en que sus componentes se despellejaban unos a otros y que le ha servido como modelo para plasmar en la obra.  Un trabajo que los poetas no terminan de entender, confiesa, pues no arremeto contra ellos, aunque ellos no parecen entenderlo así.  En este punto no hay vuelta atrás, y con su anterior afirmación invita al libre albedrío de los más recelosos a identificarse con alguno de sus personajes si así lo cree conveniente.

 

Aramburu comienza a soltarse casi al final de su discurso, cuando las anécdotas muestran su lado más cercano y se expresa entonces con menos sujeción, de un modo más espontáneo, aunque bien pudiera equivocarme yo, que en esto los escritores saben camuflar con facilidad la realidad y la ficción. 

El broche final es una comparación a la baja de nuestro pais con lo que significa ser escritor en Alemania, en donde hace tiempo representa una profesión reconocida, que puede presumir de una distinción a la que ya quisieran algunos pretender aquí, como lo es cobrar por acudir a las presentaciones literarias.  Espero que nadie siga el ejemplo de aquel pais en donde casi le cobran a uno por respirar, aunque corriendo los tiempos que corren dudo si no se podría plantearse la situación en España, a modo de venta anticipada, puede que con los escasos lectores de los que podemos presumir y el escaso valor que se le da a la cultura –en general-  y a la literatura –en particular- , no saldría a cuenta más que para algunos que ya son unas figuras dentro del panorama de las letras. Nada nuevo bajo el cielo: ciertas premisas jamás serán aplicables en este pais.

 

Lo mejor vino tras la presentación, que era el momento que casi todos esperábamos: un almuerzo con regalito incluido, la famosa libreta todoterreno Moleskine que abandera este premio.  El cóctel previo fue además una escena de la que disfruté como espectadora, observando la danza que se representaba a mi alrededor, diferenciando a los que les gusta ver de los que prefieren ser vistos.  Un baile acompasado en cada uno cumple su rol: los jefes con los jefes, los currelitos con sus  idem, y tiro porque me toca. Confieso que algunas personas me llaman la atención por lo bien que saben desenvolverse en estos actos, sobre todo cuando no hay nada interesante de lo que hablar, cuando los clichés y las conversaciones sin sentido sobrepasan en cantidad a la profundidad o la pasión, o al humor, que tanto se echa de menos en estos casos.  Amor a tutiplén.

 

Durante el almuerzo tuve la suerte de coincidir con varias personas con las que se generó una empatía que superó mis expectativas.  Entre ellas, la encantadora Anna Turón, de Seix Barral, que no dejó de sonreir, y, causalidades de la vida, algún paisano de mi tierra chica, con quien tuve la ocasión de charlar. Otra sorpresa para los presentes fue la asistencia del galardonado pocas horas antes en los premios Goya, el director de cine David Trueba, o el cineasta Gonzalo Suárez, cercano como pocos. Otras caras conocidas –Enrique Vila-Matas, Espìdo Freire, Care Santos; Ángeles Gonzalez-Sinde, Víctor Amela, entre otros.

 

Lo dicho, en tres mil años, nadie se acordará de nadie, pero la jornada mereció la pena.

 

Saray Schaetzler, para Anika entre libros